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Pero, ¿por qué está ustedes hirviendo una piedra? “Uno de los peregrinos responde: “para que podamos comer una sopa de piedras”. “Debe ser terriblemente insípida” dijo una anciana, “¡pero yo tengo un repollo que le añadirá sabor!” “Y yo, unas zanahorias, ¡que le añadirán color!”, dijo un aldeano. “¡Unas papas!” ofreció otro. Hasta que en breve, con la contribución de un poco por muchos, se creó un delicioso estofado con el que cenaron los aldeanos y los fatigados peregrinos. Y mientras lo hacían compartieron sus cuentos, talentos y camaradería a lo largo de la noche.
Hermanos Grimm, “La sopa de piedra”. (*Citado en Las Tic en las aulas, 2011[1]

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